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Nuevo fraude en la SGAE (vie, 23 jun 2017)
¿Cuántas veces hemos escuchado una misma melodía en óperas de Rossini o Haendel? Un montón. Sin embargo, ellos se lo guisaban, ellos se lo comían. ¿Cuántas veces hemos escuchado un mismo tema sobre el que otros compositores han escrito sus variaciones? Otro montón. Sin embargo, eran realmente nuevas creaciones. ¿Alguien puede dudar que no lo sean las «Variaciones enigma» o las «Diabelli»? ¿Alguien puede poner en duda las recreaciones de Halffter en «Tiento» sobre piezas de Cabanilles y Cabezón? Hoy el CNDM llena la sala sinfónica del Auditorio Nacional de «novenas» sinfonías, pero en la de cámara se ofrecen muchas de ellas en trascripciones pianísticas. ¿Acaso no supusieron aportaciones de valor? En España los derechos de autor se extinguen a los 70/80 años. Nadie ha de pagar por emitir una partitura de Mozart. Como el que no corre vuela han surgido históricamente formas varias de saltarse el dominio público. Algunas legales, incluso artísticas y otras, no tanto. En los últimos años se ha extendido la moda de las «revisiones». Muy conocidos son los admirables trabajos en este sentido de Alberto Zedda con Rossini. Sin embargo, hay otros «espabilados» que han alterado cuatro anotaciones para cobrar ellos en vez de Mozart o Beethoven. Una auténtica vergüenza. Nos acabamos de enterar de la trama existente en la SGAE desde hace años. Supuestamente personas de la entidad, pretendidos compositores y empleados de medios de comunicación se habrían puesto de acuerdo para emitir a horas intempestivas «arreglos» de páginas de dominio público con el fin de cobrar derechos y repartírselos entre todos. Las composiciones se habrían cedido a editoriales de las propias cadenas, con lo que lo éstas obtenían un retorno de lo pagado. Parece que cobraban poco por cada obrita dada su duración y la hora de emisión pero, al ser muchas, podían llegar a generar más derechos que los que perciben figuras consagradas. Así, en 2015 estas músicas supusieron el 70% de la recaudación y de tales «apaños» procedió el 80% de los 250 millones que ingresó la SGAE ese año.
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El último vuelo de Aerosmith (vie, 23 jun 2017)
El nombre de Aerosmith estará para siempre ligado a los excesos. Aunque por el conjunto de sus discos no sean la banda más interesante de la historia, al quinteto de Boston se le pueden reconocer varios méritos: primero, un puñado de buenas canciones («Dream On», «Nobody’s Fault», «Back in The Saddle»), en segundo lugar, una habilidad innata para encontrar el éxito comercial y en tercero, haber sido la síntesis de un tiempo y de unos valores, los del rock de estadios, ese momento en el que hasta la radio se congració con el heavy. Arquetipos del llamado «adult oriented rock» (AOR) con sus baladas épicas (¿no son demasiado parecidas «Cryin’» y «Amazing»?) y sus temas emocionales y energéticos, lograron llevarse a las masas. Claro que también pagaron los peores vicios de ese paradigma. Después de 40 años, Aerosmith han anunciado que se disuelven. Su gira de despedida les trae a Madrid y Barcelona (Rock Festival, 2 de julio) para una última noche de rock. Respuesta americana A los de Boston se les presentó como la respuesta americana a los Rolling Stones. Además, el parecido físico entre Steven Tyler y Mick Jagger por un lado, y Joe Perry con Keith Richards por el otro, parecía favorecer comparaciones, aunque en realidad estaban a años luz. Esa dialéctica entre las dos orillas del Atlántico les impulsó a dar una versión del rock con cierto boogie pero a un volumen infernal. Sus primeros discos, «Aerosmith», «Get Your Wings», «Toys In The Attic» y «Rocks» les auparon al trono de las listas de ventas. Sus giras multitudinarias y su tremendo directo incluso les permitió conquistar Reino Unido, donde la percepción sobre los sonidos estadounidenses no pasaba de productos mediocres. Sin embargo, demasiado pronto perdieron la cabeza. En las curiosas memorias de Steven Tyler («¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera?», Malpaso) el bostoniano nacido Steven Victor Tallarico, reconocía haber esnifado varios millones de dólares entre otras costumbres un tanto medievales. Hay que agradecerle a este tipo de conductas y otras obscenidades como helicópteros, mansiones, limusinas y demás, el nacimiento de una escena alternativa y underground (el hardcore y el indie) que tuviera como único principio negar los desmanes del capital. Quizá por los vicios o por cierto agotamiento de su fórmula por culpa de una industria enloquecida, sus discos siguieron vendiendo millonadas pero el contenido dejaba mucho que desear. Los miembros de la banda ingresan en clínicas de rehabilitación (y estamos hablando de los primeros ochenta) y varios, Joe Perry y Brad Whitford abandonan el grupo. Cuando peor estaban las cosas llegó un golpe de suerte inesperado. El hip hop eclosiona y se convierte en fenómeno de masas, y en una jugada que beneficiará a las dos partes, Run DMC eligen un solo de guitarra de Aerosmith, el de «Walk This Way», para ser la base de su nuevo tema. La MTV estaba en pleno despegue y el éxito fue colosal: blancos y negros unidos en la causa musical. Fue este tema de rap el que les permitió volver a reunir sus piezas y reinventarse en «Permanent Vacation (1988). Hasta el cambio de siglo siguieron en racha: baladones como «Crazy», «Angel» y «I Don’t Wanna Miss A Thing» volvieron a proporcionarles millones de dólares. Su olfato no decayó a la hora de elegir apariciones en películas y series, pero tampoco se rebajó su gusto por las adicciones. Tyler ha entrado y salido de clínicas (y estamos hablando de 2009), ha perdido los estribos en alguna ocasión y admitido tener recuerdos bastante borrosos sobre aquellos años. Esperemos, en cambio, que dejen uno imborrable en España.
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Daddy Yankee: «Me arrepiento de cosas que hice de joven» (vie, 23 jun 2017)
s el líder de un movimiento cultural surgido en una pequeña isla del Caribe que ha conquistado el mundo. Daddy Yankee, Ramón Luis Ayala Rodríguez (Puerto Rico, 1977) es el pionero del reguetón y co-autor de «Despacito», el tema que ese que ya saben. Aviso: en esta entrevista no hay preguntas sobre machismo en el reguetón. Su gira le trae a Madrid (25), Punta Umbría (30), Málaga (1 de julio), Barcelona (2), Coruña (6) y Valencia (7). –¿Había tenido éxito en España? –Creo que por fin han podido conocerme y ver la autenticidad con la que hablo, la sinceridad. –La gente aprecia que sea un chico de la calle. –Mi testimonio es de vida cruda, y pienso que mucha gente se puede identificar no solo musicalmente. –¿Fue difícil crecer? –Totalmente. Cuando no tienes las herramientas adecuadas desde tu hogar, vas creciendo con una mentalidad disfuncional. Y tienes un punto de vista de la vida muy negativo. Vas creciendo en un barrio en el que lo malo es normal. Delinquir no está mal y te vas programando a que ese es tu estilo de vida. Al enfrentarme a determinadas situaciones en la vida aprendí a tomar responsabilidad. –¿Cómo era su casa? –Humilde. Pero cuando en ella existe el vicio, el alcohol y las drogas, es un caos. –¿Vivió eso? –Sí, de verdad, no es un mito. Nos trajo problemas de niños a mí y mis hermanos. Fuimos unos cohetes creciendo, unos jóvenes rebeldes que aprendimos a base de darnos con la pared. –¿No tenía consejo? –Tengo una madre excepcional, que hizo el mayor esfuerzo. Y un padre que lo es también y que actualmente está rehabilitado. Ahora podemos disfrutar de tenerle, pero fue duro. –¿Cómo tomó las decisiones correctas? –A «cantazos». Cuando nadie te guía es la experiencia, la maestra vida, la que te da las lecciones. Fue ella. Aprendí, con golpes fuertes. Pagué muy alto el precio y mi vida estuvo en juego muchas veces. Recibí un disparo. Y me di cuenta de que tenía más oportunidades. –¿Cómo es la vida allí? –Cuando no tienes nada y tus amigos progresan en la delincuencia, ¿qué te va adecir la sociedad? ¿Que no te conviene? Pues les mandas a la mierda, porque, ¿qué te están dando? Nada. Y como nadie te ayuda, sales a buscar lo tuyo. Aun teniendo buenos padres, hay chicos que se pierden. Es muy tentador. –¿Llegó a hacer algo de lo que se arrepienta? –Muchísimas cosas. Fui un «chamaco» rebelde. Pero rebelde. Le di tantos problemas a mi madre que todavía le pido perdón. –¿Qué papel jugó la música? –Si tengo algo que aprender de mi papá, fue eso. Él es percusionista de salsa. Y yo me sentaba a tocar el bongó a su lado. –¿Y su madre? –Ella escuchaba pop de los 80 en español y en inglés. Ponía a Phil Collins, Madonna, Prince, Michael Jackson y luego a Raphael, Camilo Sesto, El Puma, Isabel Pantoja... –No me diga... –Claro. Y de repente llega el rap y me enamoro completamente de esa cultura porque la hicieron los puertorriqueños en Nueva York. Llegó muy rápido: recuerdo a Public Enemy, NWA, Rakim... todo esto, combinado con la salsa creó el nuevo género. De esa influencia nacimos nosotros. –Puerto Rico es un país muy permeable a la música. –Es que es un país estratégico. Por eso nos invadieron tantas veces. –Es fascinante que mezclase todo eso y crease la cultura nueva del reguetón. –Yo estaba loco con el rap «freestyle», las batallas de gallos. Un día, mi DJ, Playero, me introdujo en el reggae.Y ahí hice un día la mención a la palabra reguetón, y le cambiamos la historia a la música latina. –Con identidad Puerto Rico. –Claro, yo dije: «ok, amo el rap. Pero yo tengo que hacer mi camino, ser auténtico, tener mi sonido». –No fue casualidad, sino un plan. –Totalmente. Tomamos las progresiones del house, por ejemplo. Y los coros de la salsa. Era todo mezclado. –Tiene temas sociales, que se conocen menos. –Claro, son canciones que han sido opacadas por los éxitos. Es desconocido lo que hago social. Ahora tengo expectativa de un tema que se llama Percocet. –¿Qué? –Es la droga más utilizada entre los jóvenes y es legal. Pero lleva opio y crea una dependencia física. La recetan y engancha a la gente. Hay un tema de ganancias y farmacéuticas detrás. –Lleva a cabo una acción social. –Varias: tenemos un sistema de becas con el que identificamos a los jóvenes dentro de la cárcel que quieren dar un cambio. Porque yo tengo unos «panas» que esos no cambian por más que se lo digas. Con esos no puedes gastar el tiempo. Y a esos les damos la oportunidad para que estudien. Esta semana se me ha graduado uno en trabajo social. También tengo un comedor en República Dominicana que da de comer a 120 niños diariamente y ahora voy a Haití. Me preocupan. Quiero devolver lo que tengo.
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Mikel Erentxun: «He tardado cuatro discos en encontrarme» (vie, 23 jun 2017)
Mikel Erentxun es un narrador de historias propias. Un conjunto de canciones hecho persona. Un hombre que ha estado huyendo de su personaje y que ahora se ha quedado sin sombra. Mikel Erentxun ya no tiene que parecerse a nadie, ni forzar una voz que por fin le gusta. En su último disco, que gira en torno a sí mismo y al amor, se ha encontrado, se ha desnudado, se ha aceptado, se ha gustado y ha disfrutado. Se trata de un trabajo íntimo en el que el cantautor repite producción con Paco Loco y añade el toque femenino de Maika Makovski. He aquí un «grandes éxitos» orgulloso de cómo suena. –¿Es usted un hombre sin sombra? –Metafóricamente, sí. Soy un hombre que no esconde nada y que se desnuda completamente en las canciones. –Dice que el amor muerde los labios al besar... –Desde luego. El amor es un arma necesaria, pero peligrosa. –¿Y eso duele? –Sí, pero a veces ese dolor es placentero. –¿Donde hubo fuego siempre quedan cenizas? –Siempre. –¿Y las cenizas queman? –Son los restos. Y son importantes, porque quieren decir que antes hubo algo. –¿Puede haber llamas en el hielo? –El hielo también puede quemar. A veces, las situaciones frías y heladoras resultan sobrecogedoras. –Hablemos de su vida. ¿Es una canción? –Es un conjunto de muchas canciones. Yo sería un grandes éxitos en el que habría baladas, temas lentos, rápidos, alegres, ácidos, amargos... –¿Cómo se endulza una experiencia amarga? –Es difícil. Pero, por suerte, el tiempo acaba borrándolo casi todo. Y su paso puede ser lo que endulce esa experiencia amarga. –¿De dónde le salen las letras? –Desde que escribo las de mis discos, empecé a hacerlo en el álbum anterior, la inspiración viene de dentro. Es más fácil escribir sobre uno mismo que mirar hacia fuera. –¿Y la música? –Afortunadamente, viene conmigo de serie. Me sale sola, con mucha más facilidad que las letras. –Usted no fuerza la voz. –No, ya no. En este disco he tratado de ser yo y de cantar de una manera muy natural. Hacía tiempo que no estaba tan contento con cómo canto. Ahora sí me gusta mi voz. –¿Antes no le gustaba? –Pasé por una larga travesía en el desierto en la que probé diferentes cosas huyendo de mi voz. Éste es el disco en el que me he encontrado a mí mismo, me he aceptado, me he gustado y he disfrutado. –¿Ha estado huyendo? –Más que de mí, huía de mi voz, de mi personaje. Estaba tratando de buscar mi lugar dentro del panorama nacional de la música y escapaba un poco del estereotipo que tanto la gente como yo tenía de mí mismo. He tardado cuatro discos en encontrarme, pero lo he conseguido. Por fin soy yo. Por fin estoy orgulloso de lo que hago. –Y por fin no tiene que parecerse a nadie. –Al menos, es lo que intento. Al final, resulta inevitable que las influencias fluyan por alguna rendija, pero ya no es de una manera consciente. Es decir, conscientemente ya no trato de ser nadie. –Dígame quiénes han sido sus influencias. –Los Beatles, Bob Dylan, Elvis Presley... Los clásicos de toda la vida. Los que me han acompañado a lo largo de tantos años. –Hay quien dice que usted es el Dylan español. –Ya me gustaría. Ése es un piropo que me encanta, pero él es inigualable. No le llego ni a la suela del zapato. –¿Su garganta es un instrumento? –Hombre, el más importante. –Que no puede comprarse, ni aprender a tocarse... –Exacto. Se nace con él. La voz puede educarse, pero yo no he estudiado nada. Prefiero la naturalidad. A fuerza de cantar durante muchos años ha ido cogiendo un tono que cada vez me gusta más. –¿Tiene muchas cicatrices? –Unas cuantas. Estoy muy orgulloso de ellas. Las cicatrices son marcas de guerra, de batallas perdidas o ganadas. Pero las heridas, una vez cicatrizadas, no duelen. –¿Quién es la persona que hay dentro de su cuerpo? –Hay un hombre, lo cual ya es decir bastante (risas). Hasta hace muy poco no sé muy bien lo que había. Ahora creo que soy un hombre completo. Por fin me considero un cantautor, con todas las de la ley. Narro mis propias historias, canto de una manera mucho más honesta... Al final tengo que ser yo. –¿No va a cambiar? –Soy bastante cambiante, pero por ahora espero no cambiar. –¿Hace lo que quiere? –En mi trabajo en el mundo musical, sí. En mi vida personal es más difícil, porque tengo una familia y ahí estoy un poco más encorsetado. Pero, en general, me considero una persona libre. –¿Más cantautor que cantante? –Sí. De hecho, estoy más orgulloso de mi faceta como autor que como cantante.
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Cómo dirigir nueve novenas sinfonías en 12 horas (jue, 22 jun 2017)
Dirigir nueve novenas sinfonías tiene algo de rito taurino, pues el director de orquesta se encierra con unos astados que no se lo van a poner nada fácil. Es como cuando un diestro de relumbrón se mide frente a seis astados en solitario. Salvando las distancias taurinas y echando un capotazo al batuta es lo que hará el día de San Juan Víctor Pablo Pérez (Burgos, 1954) dentro de la maratón musical que por cuarto año (se celebra cada dos) ha montado el Centro Nacional de Difusión de la Música (CNDM) y el Auditorio Nacional para unirse al Día de la Música que en Europa se celebró ayer. Hace un año y medio que Antonio Moral, director del CNDM, le arrojó el guante en buen plan al director. «Yo le dije que era una locura y le pedí un tiempo para poderlo pensar y reflexionar. Me pareció un imposible en un primer momento. ‘‘¿Qué me estás diciendo?’’, fue lo primero que se me vino a la cabeza. Finalmente acepté porque quería formar parte de algo así. De esas nueve, las seis más grandes las he dirigido a lo largo de mis más de treinta años de carrera, lo que me daba cierta seguridad». Y es ahí donde tercia el incombustible Moral: «Una proeza de este calibre no se la puedes encargar a un recién llegado, sino a alguien que las conozca perfectamente y que tenga callo. Se necesita, ya que, experiencia, conocimiento del material y a alguien que los tenga muy bien puestos. Y yo conozco a Víctor Pablo y sé cómo lo hace. Él era el indicado», explica. Sin gimnasio ¿Y qué ha hecho el director de orquesta burgalés para prepararse? Que nadie piense que las pesas o los abdominales han estado en su día a día. «No ha habido preparación de gimnasio. Simplemente he caminado más. Ha sido cuestión de planificarse al milímetro para que hubiera ensayos suficientes y poder torear los nueve Miuras, «es algo que ha resultado fundamental. También he trabajado a fondo las partituras para hacer que la labor resultara más ágil», dice. En los últimos meses dirige las sinfonía en casa para él, sin orquesta está para medirse. «Las lee al tiempo que suena la música en su cabeza. A mí me parece alucinante», añade Moral, quien resalta que sin planificación en imposible aceptar un record de este calibre: «Ten en cuenta que el engranaje ha de funcionar a la perfección para que todo esté en su sitio», asegura, de ahí que se haya elegido cuidadosamente el orden en el que sonarán. Por primera vez en la historia se interpretarán en un mismo día nueve novenas sinfonías de Beethoven, Haydn, Schubert, Garay, Mozart, Bruckner, Dvórak, Shostakóvich y Mahler dirigidas por un único maestro, que tendrá enfrente a cinco orquestas diferentes: la Sinfónica de Madrid y el Coro Nacional de España, junto a los solistas Raquel Lojendio, María Rodríguez Cusí, Gustavo Peña y David Ménendez (novenas de Haydn y Beethoven, a las 11, las que abrirán el encuentro), Orquesta de la Comunidad de Madrid (Schubert y Garay, a las 13:30), Orquesta Sinfónica de RTVE (Mozart y Bruckner, a las 17:00), Orquesta Nacional de España (Dvorak y Shostakovich, a las 19:30) y Joven Orquesta Nacional de España (Mahler, a las 22:30 para terminar el atracón), con lo que se abarca un arco temporal de dos siglos que van desde 1762, la más antigua, de Haydn, a 1954, la firmada por Shostakovich. Las tres últimas sinfonía se retransmitirán en directo y la jornada se cerrará con los ya clásicos «Música para los reales fuegos artificiales», de Haendel, que avisa Moral para que nadie se llame a engaño, «sonarán como los ángeles pero es música enlatada». Hace cuatro años, Jesús López Cobos dirigió las nueve sinfonías de Beethoven en un día y hace dos fue Juanjo Mena quien se enfrentó a las seis de Chaikovski también a lo largo de una jornada. Para Víctor Pablo Pérez otro de los retos es la diversidad del material estilísticamente hablando, «con autores que son bastante diferentes entre sí y con sinfonías tan poderosas como las de Bruckner, Mahler y Beethoven. Además, al desafío físico y estilístico se suma también el emocional y prepararse psicológicamente para distribuir las energías y las emociones. Todas menos las tres que duran 15 minutos poseen una carga bastante potente. Pienso en Shostakóvich, quien se despachó con una obra en la que pesa bastante su carga de ironía sobre la maquinaria pesada del poder. Hay en ella detalles escondidos en los que se percibe su crítica al sistema», comenta. Si le pedimos que se quede con una, el maestro elige a Bruckner, «a quien veo muy cercano a como yo planteo mi vida. Para mí es especialmente querido y próximo». ¿Y una orquesta? Lo piensa y responde relativamente rápido: destaca aquí a la Jonde, «por poseer la energía típica de la juventud. Sé que lo van a dar todo, pero el director tiene que estar ahí, es necesario ayudar a construir el clímax y las emociones para ser capaz de llegar al final y sé que con ellos, que son los que cierran, lo vamos a conseguir». Serán casi doce horas frente al atril. Si en cada concierto dice Pérez que puede perder alrededor de dos o tres kilos, calculen lo que le supondrán esta maratón, «pero se recuperan inmediatamente bebiendo agua», tranquiliza. Los ensayos comenzaron el día 15 y se va a cumplir la hoja de ruta a rajatabla. ¿Podría pasar que el director se quedara en blanco? «Yo no dirijo de memoria, tengo un enorme respeto por la partitura. Como decía Solti, conozco bien las obras, pero la miro para encontrar algo interesante». ¿Habrá nervios de más? «Prefiero no pensar en que será un reto histórico, sino en que vamos a construir nueve novenas sinfonías. Iremos toro a toro», deja caer. Los morlacos más difíciles llevan los apellidos de Beethoven Mahler y Bruckner, a los que él añade Shostakóvich «por su enorme carga interna». Pasadas las doce de la noche, el maestro podrá respirar aliviado. Y al día siguiente descansará. La temporada continúa y habrá más orquestas y festivales esperando. La llamada de fanfarrias Por otra parte, el haber reunido cinco formaciones del calibre de las que se escucharán ha permitido también que se convierta en un desafío para las propias orquestas, «ya que todas se van a medir entre sí, lo que provoca entre ellas una buena competitividad. No se pueden despistar porque el público es quien las van a juzgar y eso pondrá alerta a los músicos», explica el director del CNDM Antes de que comience el reto de Guinnes, como lo llama Moral, a las 10:30 se escuchará a un grupo de metales de la JONDE en la calle que llamará al público a la sala. Dentro, en la Sinfónica se escucharán las orquestas y en la de Cámara se tocarán las nueve sinfonías de Beethoven en la transcripción que hizo Liszt por cinco pianistas, otro espectáculo irrepetible. Si no desea salir del Auditorio no tiene por qué hacerlo: en el parón del mediodía habrá una sesión en el hall con las novenas improvisadas a ritmo de jazz. Para los conciertos retransmitidos en directo se habilitarán 1.500 sillas en la calle, a los que se añade el graderío de la plaza que hay frente al Auditorio Nacional. Moral tuvo claro cuál era el objetivo de estas convocatorias cada dos años: «Conseguir que se convierta en un espacio festivo para la música con el objeto de que el público que no acude regularmente lo haga ese día y le pueda servir como enganche para el futuro. Queremos hacer posible lo imposible», añade con satisfacción. ¿Por qué novenas? «Porque a lo largo de la historia se han convertido en un icono. Han sido grandísimas piezas que para muchos de los compositores fueron su testamento o decidieron plantearse tras escribirlas no componer más. Éste es un proyecto cerrado en sí mismo», añade. Cuando le propuso el reto a Víctor Pablo Pérez le puso una única condición: que no las dirigiera en orden cronológico. Y Moral le dio carta blanca. «El cierre de Mahler será una maravilla porque los músicos tocarán sin luz los últimos compases, lo que entraña una dificultad añadida desde el punto de vista tanto musical como técnico. Se trataba de acabar con el silencio y la nada. Era perfecto. Así que acepté encantado el broche con esa novena sinfonía». Y es que el maestro asegura que después de dirigir esta pieza de Mahler es casi imposible dirigir otra si quieres llegar vivo al día siguiente. Lágrimas en los ojos Dice Antonio Moral que «desafíos como éste permiten que salgamos de la rutina diaria. No los puedes montar tampoco cada año si pretendes que te salga bien porque es complicado y entraña un trabajo extraordinario. Perdería, además, la excepcionalidad y lo que tiene de acontecimiento único», y añade que si hay algo que merece realmente la pena es «hacer feliz al público. Yo he visto en las convocatorias anteriores a la gente echarse a llorar y darte las gracias, aunque no te conozcan de nada, por lo que han vivido. El que lo conoce lo disfruta, y el que no, viene a descubrir y se puede enganchar, de eso estoy seguro porque tenemos los precedentes de años anteriores». Seguro que ya está dando vueltas al récord que batirá en 2019, un más difícil todavía, pues este año ha colocado el listón a una altura altísima. Atentos, que más de un millar de espectadores ya tienen su abono para vivir esta jornada histórica (taquillas del Auditorio Nacional y teatro del Inaem, por teléfono en el 902 22 49 49 y en la web www.entradasinaem.es).
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Sabina, eterno en Madrid (jue, 22 jun 2017)
Batería: Pedro Barceló. Bajo: Laura Gomez palma. Saxo y clarinete: Josemi Sagaste. Piano: Antonio Garcia De Diego. Guitarra: Pancho Varona y Jaime Asúa. Coros: Mara Barros. Gira «Lo niego todo», de Joaquín Sabina. WiZink Center, Madrid. Madrid impone incluso al hombre que la convirtió en canción. En la capital, Joaquín Sabina se terminó de hacer poeta y también aquí sufrió «el Pastora Soler», aquella noche de la espantada del escenario que explicó en forma de comedia. Los últimos años han sido un poco grises para el artista de Úbeda, en lo que respecta a su salud, pero también a un cierto bloqueo creativo. Sin embargo anoche, ante 15.000 personas, en la que es su casa, nadie pensaba en convocar a los malos espíritus. Convertido en leyenda viva, con todas las entradas vendidas para nada menos que cuatro veces el WiZink Center –la segunda hoy, las otras dos el mes que viene– la ciudad de sus prodigios le recibió completamente entregada. Y él salió a hombros, claro. «No miro nunca las fechas de la gira. Pero desde el primer día tengo grabado a fuego las fechas de Madrid. Por el nudo en la garganta y por tocar ante la gente que más quiere uno», reconoció Sabina en la primera canción. La publicación de «Lo niego todo», un esfuerzo colectivo junto a Leiva y Benjamín Prado, parecía haberle devuelto energía y, desde luego, relevancia. «A mis musas les habían salido varices y les olía el aliento», explicó, burlón, en su día. Sin embargo, Sabina volvió a recaer de salud antes de girar por Suramérica. Interrumpió las entrevistas promocionales y, a su regreso, hizo una parada emocional en Úbeda, su tierra, un regreso a su juventud en Londres, y después, reposo. Su entorno le protege y Sabina lo necesita: la voz de mil cazallas mostró anoche la lija más que las grietas. En todo caso, cantó con la red de un atronador karaoke. Abrió Sabina negándolo todo, los polvos y los lodos. Con reportajes periodísticos de fondo sobre el suicida y el bala perdida. Fue un primer bloque consignado al nuevo disco con un punto álgido: «Vivir para cantarlo», un tema en el que mira de frente a los fantasmas con una amplia sonrisa. Su esfuerzo fue colosal, de casi tres horas. Con «Yo me bajo en Atocha», Sabina sudaba proclamando que se quedaba en Madrid, donde queda el «Bulevar de los sueños rotos». Luego fue la imperecedera «Y sin embargo, te quiero», y la respuesta del público le ahogó la garganta. «Ruido», «Peces de ciudad» y «19 días y 500 noches» formaron parte del bodegón urbano junto a «Aves de paso» con todo el público puesto en pie. Sudó la camisa con «Princesas» y la muy romántica «Contigo», y la noche se puso emocional. Incluso coló un «colchonera» cuando no procedía en referencia a su Atleti. Se concedió algunos descansos, para que lucieran la voz, sucesivamente, Mara Barros, Pancho Varona y Antonio García de Diego en «A la orilla de la chimenea». Jaime Asúa tambien reemplazó al jefe en «Seis de la mañana». Entre tantas precariedades, la sensación que flotaba en el concierto es la de por si acaso. Por si tarda en volver, por si volverá. Los comentarios, entre el público, contemplaban semejante posibilidad como el que discrepa del cambio climático. Tal es la fe en quien ha escrito algunas canciones viejas que no tienen edad. Esa es la confianza en el mito de un público, por cierto, radicalmente joven anoche. Quedaba «Nos dieron las diez», esa canción por la que pasan las horas pero nunca los años. Sabina es inmortal aunque él, tengan por seguro, lo niega todo. Pero nadie va a creerle a estas alturas.
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Nuevo sello para difundir la música de Cámara española (mié, 21 jun 2017)
Fundación Hispania Música, miembro del Consejo Internacional de la Música de UNESCO, ve logrado su objetivo de dar un paso más en el desarrollo de su labor centrada en recuperar, proteger, cultivar y difundir la música de cámara española con el lanzamiento al mercado de su primer Cd titulado "Antonio Ximénez. Sonatas a trío Op. 1 y Op.3."dentro del nuevo sello discográfico Belsuono string records. Este sello nace con el doble objetivo de, por un lado, de inmortalizar los conciertos y giras del conjunto cuerdas español, Concerto Málaga y, por otro, el desarrollo de proyectos discográficos. Además, Fundación Hispania Música se encuentra trabajando en la construción de su sede en el distrito de Teatino – Universidad de la ciudad de Málaga.
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«Don Giovanni», los cadáveres del libertino (mié, 21 jun 2017)
► «Don Giovanni», de Mozart. ► Voces: M. Kwiecien, E. Halvarson, C. Remigio, D. Korchak, M. Persson, S. Orfila y V. Lanchas. ► Dir.musical: J. Pons. ► Dir.escena: K. Holten. ► T. del Liceo, Barcelona, 19-VI-2017 Nada como el disfrute de la ópera en directo para apreciar los matices de esta genial partitura mozartiana y una moderna producción que fue largamente aplaudida por el público del Liceo. Kasper Holten presenta a un Don Giovanni encantador con cuanta fémina se ponga por delante, incluso Donna Anna sabe desde el principio quien es el amante seductor que ha matado a su padre en la primera escena. Pero hasta que no descubre la vileza del personaje, no reaccionará en contra de su amor y su persona. La producción se basó en la mansión del libertino, que va girando mientras las proyecciones en un sofisticado e innovador sistema de mapping en 3D se va acoplando a la estructura en movimiento, creando espacios escénicos, denotando situaciones emocionales con el colorido o invadiendo con los cientos de nombres de sus amantes toda la fachada, también haciendo entrever los cadáveres que va dejando el personaje. Un excelente vestuario un tanto atemporal y una dirección de actores muy trabajada consiguen, junto a una muy cuidada iluminación, una atmósfera ideal para escenificar una de las óperas más populares del repertorio. El barítono polaco Mariusz Kwiecien destaca por la nobleza de su porte y la versatilidad actoral que imprime al personaje, todo un seductor que a nivel vocal destaca por su bella emisión y cuidada técnica. De nuevo el Liceo dio oportunidad a un cantante español para interpretar un primer papel que aprovechó el barítono Simón Orfila como Leporello, ofreciendo una de sus mejores actuaciones en Barcelona gracias a la calidad de su timbre y a una destacada interpretación. Destacó la Donna Anna de Carmela Remigio, una soprano de porte mediterráneo muy acorde con el personaje, capaz de asumir el temperamento y la belleza melódica de tan destacado personaje. La Donna Elvira de la soprano sueca Miah Persson, una gran mozartiana, imprimió color y personalidad a un papel muy destacado en el que se echó en falta una registro agudo no del todo redondo. Muy aplaudida la Zerlina de Julia Lezhneva gracias a un control de la emisión y del fraseo extraordinarios así como unos espectaculares agudos y agilidades, al igual que el Don Octavio de timbre algo más lírico de lo habitual de Dmitry Korchag, que bordó con excelencia sus arias. Muy destacado el Comendatore de Eric Halfvarson, quien no hubo de amplificar su voz en la escena de la cena dado su elegante y estentórea emisión, y muy correcto el Masetto de Valeriano Lanchas. Josep Pons dirigió con eficacia y acierto gracias a una Sinfónica del Liceo cada vez mejor pertrechada. Un importante éxito que afianza el proyecto liceísta.
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Antonio Orozco: «Si mi disco de oro tuviera quilates lo habría vendido» (mié, 21 jun 2017)
Pidió perdón por no haber escuchado sus ruegos, por las lágrimas que hablan de él, por sus noches a solas... «de la única forma que sé». Pidió que le devolvieran la vida. Su tema dio la vuelta al mundo y resucitó una voz rasgada, inconfundible, sensible e irresistible que le ha permitido lograr un disco de oro sin quilates que brilla en la carrera de un artista de bandera que ahora ha reeditado su álbum «Destino». Entre el material adicional destaca un documental sobre su último año. –¿Tiene Antonio Orozco un destino? –No soy muy creyente en ese sentido. Somos dueños y propietarios de nuestro destino, que varía y se altera según van pasando las horas. Yo, cuanto más trabajo, más suerte tengo. –¿Todo lo que sucede conviene? –Desde luego. A veces parece que vienen cruzadas y luego como que tienen sentido. Las cosas de la vida... –Usted es dueño de su destino, pero no de su origen. –Mis padres vienen de Sevilla y yo, de Hospitalet (Barcelona). No tengo muy claro hacia dónde voy, pero sí de dónde vengo. Soy una persona bastante humilde. –Y sensible... –Creo que sí. Pero no soy el adecuado para juzgarlo. –¿Qué le hace daño? –Lo mismo que a ti. La desconfianza, la mentira, la distancia, el olvido... –También es un poco kamikaze... –Absolutamente. Ser tan visceral me ha hecho tener algunos desencuentros. No suelo pensar mucho las cosas. Si no hubiese sido así no me hubiera dedicado a la música. –Por pedir, ¿qué pediría? –Salud para los míos. –Mírese. ¿A quién ve? –En ocasiones a mi padre, a Xavi, a mi gente... Otras veces son a quienes me gustaría ver. –¿Hay diferencias entre este Antonio Orozco y el que se sube a los escenarios? –No cambio de ropa ni de nombre. No me disfrazo, ni me maquillo. Soy la misma persona. –Dicen que usted mola. –¿En serio? (risas) Siento que está pasando algo molón en mi vida. Pero si molo o no te lo dejo a ti. –¿Sigue teniendo tantas dudas como al principio? –Todos los días tengo muchas dudas, muchas emociones contrariadas. Ésa es mi forma de vivir. Preguntándome el porqué de las cosas me moriré. Me interesan las preguntas estúpidas que a priori no le importan a nadie. –¿Y de ahí le salen las canciones? –Sí. Soy una mente bastante inquieta. Paso mucho tiempo buscando soluciones a problemas que, a veces, no tienen sentido. Pero, en contra de lo que se suele decir, no escribo canciones al vuelo. No es que me siente y me inspiren las musas. A la hora de componer soy bastante metódico. De hecho, es para lo único que guardo unas pautas. Cuando pasas tantas horas divagando sobre las mismas ideas, tocando y tocando, al final todo fluye. El único secreto es currar. –Recientemente confesó que llegó a perderlo todo dos veces en la vida. Y aquí está... –Nunca había hablado de este tema y no me gusta hacer demagogia, porque mucha gente ha pasado por la misma situación. Seguir adelante está en el ADN de cada uno. Estos problemas son mucho más comunes de lo que nos gustaría. Lo único que hice fue agudizar mi ingenio. Hay que creer en uno mismo para encontrar soluciones y no dejar que nadie construya por ti nada. –¿Su voz tiene vida propia? –No sabría decirte, pero es verdad que después de muchos años se reconoce. –¿Qué dice de usted? –Habla de trasnochadas, de emoción y pasión, pero no es la voz de los sueños. Me falta mucho por aprender. –¿Cuántos quilates tiene su disco de oro? –Si tuviera muchos ya lo hubiésemos vendido (risas). –¿A quién ha devuelto la vida? –No lo sé. Sólo trato de hacer feliz diariamente a quienes me rodean. Pero no siempre lo consigo. –¿Se puede querer a escondidas? –Sí. Pobre de aquel que no se enamore cada día, porque estará perdido. –¿Si usted no fuera famoso...? –No me paso la vida en fiestas ni en cosas de esas raras. Tengo unas relaciones y unos amigos muy normales. Mis canciones son más reconocidas que yo, lo que me enorgullece. –¿Le ha dado la espalda al tiempo? –No, al contrario. Le doy la cara todo el rato. El juego más divertido y complicado que tenemos a diario es ganarle tiempo al tiempo. –¿Qué le asusta? –No soy muy asustadizo. Pero quizá la falta de control sobre lo que pasa. Soy bastante previsor. –¿Y divertido? –Todo me divierte. Me río más de mí mismo que de cualquier otra cosa. (Tararea) «Mira si estamos contentos, mira si estamos contentos, que el pitito de la olla express no se para ni un momento». –¿Qué quiere un barcelonés como usted en un país como éste? –(Risas) Un país como éste en una Barcelona como la mía. Lo de la independencia es una manera de desviar la atención para que no hablemos de lo que se han llevado los ladrones.
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El Sónar bate todos los récords de público, entusiasmo y calor (dom, 18 jun 2017)
EAyer se confirmó, hay un montón de gente en el Sónar, tanta que es el año que más personas ha atraído en toda su historia. En total, 123.000, 8.000 más que la edición anterior, y con el calor y el entusiasmo, todavía parecían más, y más altos y más guapos y más fuertes, pero entonces bebías un poco de agua y la tontería se pasaba. Al menos parecía que las 8.000 de más te siguiesen a ti a todas partes sólo para fastidiarte. De día hubo 61.000 y de noche 62.000, con un 48 por ciento de público nacional y 52 internacional. «Nuestra voluntad era crecer en riqueza de contenidos, en subir el nivel, y estamos satisfechos de que la gente haya respondido», señaló ayer Ricard Robles, codirector del festival. Ya preparan el 25 aniversario del certamen para el 13, 14, 15 y 16 de junio de 2018. La tarde del sábado arrancó con unos Matmos jugando con una lavadora. Como dijo George Costanza en el primer episodio de «Seinfeld», mientras estaba mirando girar el tambor de una lavadora, «creo que éste es el momento más aburrido de mi vida». La fiesta llegó con los divertidísimos Bejo, fenómeno nacional que compartieron su euforia trap con un público que hacía todo lo que ellos demandaban, desde “bajar pabajo» hasta saltar y botar y levantar las manos, en un escenario presidido por la cabeza de un caballo. Según los chinos, rapear bajo la cabeza de un caballo da vigor y alegría, y eso es lo que ofrecieron. Antes, el colega de promoción C. Tanaga hacía maravillas con el autotunes para ofrecer el lado más exquisito y ambicioso de este nuevo hip hop español. «Soy el primer rapero que lo hago antes de decirlo», afirmó antes de comenzar sus rimas donde demostró un salvaje dominio de su vida y circunstancias, hablando del amor, las injusticias, la rebelión, las drogas, el fornicar y todo eso que se dice más que se hace. Más extremo y experimental se mostró el islandés Valgeir Sigurdsson, un generador de atmósferas densas, neblinosas, de fin del mundo vikingo, acompañados por un contrabajo raro, raro, electrónico por lo menos, que ponía las líneas de romanticismo y pasión. Todo muy cinematográfico, a pesar de estar a oscuras, con ganas de cerrar los ojos y soñar. «¡No me toques!», decía entonces cada tres segundos un tipo grandote en el concierto de Nosaj Thing y Daito Manabe, de la cantidad de gente que intentaba entrar y salir constantemente. Con audiovisuales programadas en directo por Manabe, la electrónica plana de Nosaj Thing quedó como el acompañamiento y no al revés, como debería ser. Además, hubo muchas interrupciones, problemas con la sincronización, tal vez, lo que restó ritmo y efecto a la propuesta. Por último, Thundercat empezó con un horrible free jazz, pero resultó que sólo fue una larguísima prueba de sonido. Cuando empezaron de verdad, continuaron con el jazz lleno de fuego e improvisación que poco a poco fue derivando al funk más espacial, para acabar en la pura delicia de El Bosco. Unos shorts rojos y un gorro a juego marcaban la figura de este impresionante bajista, grande de verdad. Por su parte, la noche del viernes coronó a un magnífico Anderson Paak, que junto a su banda, los Free Nationals, hicieron una rendición del ABC de la música negra que dejó atónito al personal. Hace un mes, era el telonero de Bruno Mars al que nadie presta atención y ahora era cabeza de cartel del Sónar. Lo suyo es la fusión del R&b, soul, funk, jazz, hip hop, nunca a la vez, pero casi. Su capacidad de conectar con el público fue asombrosa, incluso cuando estaba en una batería que domina a las mil maravillas. A veces parecía R:Kelly, otras James Brown, otras The Roots, pero a quién más se parecía era a Lebron James, por su dominio completo del juego y por cómo sudaba. El que no tuvo tanta suerte fue DJ Shadow, cuyos audiovisuales no añadieron nada a su propuesta de ritmos rotos y perfección técnica. Ni siquiera cuando recuperó los clásicos de «Entroducing», disco del que se celebra su 21 aniversario, consiguió maravillar. «Soy Dj, creo beats, esa es mi vida y me encanta», dijo, pero siguió quedando tan frío como correcto. Más suerte tuvo Moderat, con 30.000 personas a sus pies en un show en que las proyecciones y los juegos de luces fueron espectaculares. Aunque los auténticos vencedores fueron Soulwax que, replicando su estudio de grabación como puesta de escena, lograron una sesión tan orgánica como testosterónica, para bailar hasta caer muerto. Por su parte, Nicolas Jaar, oculto tras unas cortinas de rejilla de despacho, resultó demasiado denso y normal, muy lejos de su gran talento, pero ya era muy de noche y había cansancio.
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